miércoles 14 de octubre de 2009

Corazón de hojalata


La vida me chirría a cada paso que voy dando. Necesito frotar mi corazón de hojalata y que salgas, al menos para concederme un deseo. Y sin embargo ya no estás. Y no te culpo. Te encontré como se encuentran los sueños que sabes que algún día se cumplirán. Te encontré escondida en la más humilde de las lámparas. Sin adornos. Y te guardé muy dentro.

Lo maravilloso, créeme, ha sido que sucediera. Que hayamos compartido más de trescientas sesenta y tantas miradas y caricias, más de trescientas sesenta y tantas palabras de complicidad y deseo, de piel con piel. Una piel que se ha ido cubriendo de herrumbre, oxidándome hasta el alma.

Un día desperté y cuando quise llegar al camino, vi que ese no era. Que ya no ibas de mi brazo, como tantas y tantas veces. Me dejé llevar. Mis propias huellas me fueron alejando de la alegría que hace que no nos volvamos definitivamente locos. Esa que encontraba en tu sonrisa. Y no. No he sabido cuidarla como se merece.

Perdona por contarle al domingo por la noche mi última pesadilla. Los domingos por la noche son especialmente crueles. En una cama grande y a solas, ya sabes, me ahogaría sin remedio. Y, sinceramente, no se si el mar ha traspasado las sábanas. Noto que vestido y sentado, ahora mismo, el oleaje me lleva hacia dentro. Y me tengo que ir. Siento no escribir un final decente o feliz. He de apresurarme. El agua ya me está llegando por los tobillos y tengo que buscar una cama pequeña a la que aferrarme. Al menos, en mi barquichuela, mi cuerpo se hará uno entre las tablas y espero que a fuerza de imaginación, llegue al País de Oz. Cuentan que por allí hay brujas y magos, capaces de lo mejor y de lo peor. Que allí vamos los que ni los amigos ni los psicólogos han conseguido curar. Y mi deseo es sencillo y difícil. Tan sólo quiero volver a frotar mi corazón de hojalata y que salgas. Que salgas y me vuelvas a cojer de la mano.

Y que la música me proteja de mi mismo y de esta tristeza, mientras tanto. Mientras mis latidos vuelven a crecer.

Atado continuo


Si mis lágrimas fueran de mentirijllas, como esas que salen en las películas, no estaría aquí y ahora intentando huir de las tuyas. De todo lo que te digo y no se me pasa por la cabeza. Y date cuenta que hasta los actores, cuando tienen que rodar una escena, lloran. Y lloran de verdad, amargamente. Lloran porque andan en la vida de otros y merece la pena ser vivida y dentro de ella, llorada y a ratos, alegre.

Puedo decir que te quiero, tan alto y tan claro como el que más. Como aquel sabio o aquel loco que planta un árbol
sabiendo que el mundo se acabará probablemente mañana o pasado mañana. Que más le da.

Puedo decir que me has hecho volar tan alto como para no darme cuenta de que estas alas son de cartón y piedra. Que aún no he aprendido pero con el impulso, he sonreído a las estrellas.

Que me has besado de día y de noche, real e imaginariamente como nunca nadie lo había hecho hasta ahora.

Puedo decir que te quiero, insisto, a pesar de no saber si este amor durará más allá del silbato de un tren y además, poder cogerlo.

Lo que he amado, créeme, lo tengo por cierto y verdadero. Y ha sido tan real como entrar y quedarme en tu mundo. Lo que siento, lo que te he dado, sólo ha podido salir de lo más hondo.

He intentado a mi mismo decirme que no, que es imposible. Y no he podido. No he sabido. Son las cuatro de la mañana de un martes y trece, como no podía ser de otra manera. Y aquí me tienes. Te escribo sin esperar nada a cambio.

He querido renunciar a llorar como yo se. A callarme, a caminar directo hacia el olvido. Y es imposible. Sigo atado a las palabras, a lo único bajo en maldad que me queda.

Y ya ves. Ni tan siquiera he hecho el petate. He cogido lo justo, para saber, al menos, de donde vengo y a donde voy. No espero que lo entiendas. Bastante tengo ya con huir y escapar de mi mismo.

Estoy atado a las palabras,,,,

Palabras que sueño despierto o dormido. Que me preguntan donde estás...

Las mismas, que no se me pasan por la cabeza.

martes 13 de octubre de 2009

Atado a las palabras

Hace dos mil quinientos años pedí que no me desataran. Que me apretaran más fuerte contra las cuerdas cuando rogara lo contrario...

Quería escuchar a las sirenas, como ahora.

Aunque sus palabras y sus cánticos me hayan vuelto loco de atar. Sí. Sus cánticos.

Tanto tiempo después, me atreví a salir de aquel libro olvidado, de aquella estantería polvorienta y a surcar los mares de nuevo.


Y no me arrepiento.

Quiero la vida para mi mismo. Dejar de conocerla a través de otros. De poetas y vagamundos. De leer frases que no siento como mías. Yo, que nací y combatí, que aniquilé y sangré antes de que ellos nacieran, quiero intentarlo.

Quiero volver a encontrarme con ellas. Y que no me desaten. Por favor, que nadie lo intente. Ya he estado muerto demasiado tiempo.

Quiero volver a sentir esos versos, a enamorarse en un segundo y a morir al siguiente. A dejar las guerras para otros.

¿Donde estáis, mis queridas arpías?

Guardaré vuestro testimonio por escrito. Volverá mi barco a estrellarse contra las rocas.

¿Y?

Devorad mi corazón si queréis. Sois tan hermosas...sois tan hermosas.

domingo 4 de octubre de 2009

Haz que viva


Vengo de una época que ya no existe. Nací con el cántico de las Musas y viviré contigo mientras me ames. Grano a grano, partícula a partícula. El tiempo va cayendo inexorablemente. Y vamos a burlarnos de él. Vamos a vivir miles de vidas en una. Vamos a sentir más intensamente que nadie. Romperemos el cristal y en la arena escribiremos nuestros nombres.

¿Cómo?

Estoy hecho de viento. Estoy hecho de viento y son sólo tus sueños los que me llaman. Es tu deseo el que crea mi cuerpo, el que hace brotar estas palabras. Soy la suavidad que mis manos te ofrecen y el calor donde resguardarte.

Te voy a dar momentos que han atravesado siglos y guerras, tristezas y odio.

Guardo en mi mismo la memoria de todo lo bueno. Porque la humanidad está en ti, en mi, en los instantes en los que nos miramos fijamente. En los instantes que sin decirnos nada, sabemos que este mundo gira y seguirá girando igual o más humano cuando eso sucede.

Y ahora, recuerda.

Cuando la luna llegue hasta lo más alto, recuerda. Recuerda que no ha sido un sueño. Cuando el sol te de los buenos días.

Sí, soy viento y a tu lado, tu corazón me convierte en un hombre.