
Te busco mientras duermes. La luna me debe un favor y gracias a ella, me cuelo entre tus sueños. Me transformo en la brisa imposible, en el país y en el personaje del cuento de hadas que más te guste. Y aprovechas. Sí. Duerme. Ten dulces sueños.
Desde aquí, desde la fuerza de estas palabras, invoco a la imaginación. Invoco al poder de la Madre Tierra. Yo conjuro la vida que nos da, conjuro la ilusión y la belleza que revelan sus gotas de agua, el olor a tierra fresca. Que la fuerza de sus elementos te haga sentir más fuerte no sólo cuando despiertes. Que el sol y las estrellas te arropen cuando tengas frío. Invoco a las fuerzas de este universo. Rompo el tiempo y lo hago extensible también a tu pasado.
Sí. Ahora me doy cuenta.
Sólo alguien así fue capaz de hilvanar un corazón deshilachado. Sólo alguien así es capaz de inspirar cientos y cientos de versos.
Ahora, juega. Juega a inventarte el mundo que tu quieras creando pompas de jabón. Crearás un mundo a tu medida. Fuera de él, la vida seguirá su curso lento y aburrido. Aunque te atrape, basta con mirar más adentro y encontrar la felicidad, la sonrisa, la complicidad y la broma. La alegría que has ido vertiendo en este sueño y hacer que las pompas engullan ese planeta tan desierto y tan perdido. Entonces, mira. Mira ahora que estás leyendo dormida y acuérdate.
Cuando despiertes, habrá niños y mayores esperándote. Niños y mayores que no pueden jugar a ser superhéroes o Quijotes, ni mucho menos buscar caracoles imaginarios.
Ahora, despierta. Ayer por la tarde, fue tan solo un mal sueño.












