jueves 6 de octubre de 2011

El grito de "El grito" de Munch


No recuerdo que fuera un parto difícil. Mi madre tuvo que aferrarse a aquel saco de huesos danzarín. Suplicarle que no la dejara sola. Y no. No lo hizo.

Fue el primero en arrancarme la esperanza de su vientre. A decolorar todo un cordón umbilical de cariño y ternura. A exprimirlo hasta dejarlo en materia inerte.

¿Y qué, sino han sido estos años?

Pérdida de fe envuelta en un sudario rojo de sangre. Locura ondulada en lenguas de fuego y hierro. Soberbia que han tejido a mi alrededor. Ignorancia también.

Inercia. Extravío.

Contemplo la vida como se escapa tras las alcantarillas.
Voy, vuelvo.
Me quedo a medio gas.
y el diablo para su taxi y pregunta:

¿A donde, jefe?

A ninguna y a todas partes, contesto.

Con los pies y la cordura temblando a cada paso.

Con el alma caduca.

Y ya no sé ni quién soy ni lo que hago.

Ayer, como quién dice, salí al mundo. Puede que sea sólo un día más mayor que mis antepasados. Y su herencia se me hace insoportable. No quiero seguir un destino, ni repetir honores ni alabanzas. Quiero alejarme de todo, gritar, ¡¡¡gritar!!! con cada una de mis amígdalas, mi saliva. Descomponer mi rostro en una mueca de desesperación y que no salgan palabras si no han de salir. Más bien ir en su búsqueda.

Y al menos desahogarme. Poder volver a ser normal. Tras una hora, tras otra. Atravesar este puente de líneas y pensamientos quebradizos. Sin principio ni fin. Dejar de contemplar figuras frías, sórdidas, de colores sin alma y cuerpos muertos. De miradas esquivas e ideas podridas. De lo que te digan que has de hacer.

Y respirar porque me asfixio.

1 comentarios:

un barco llamado lady blue dijo...

pues respira y hondo, porque te quedo magnifico el escrito.
un fuerte saludo desde los reinos oscuros.