domingo 29 de mayo de 2011

Tocar el cielo con los dedos


Para tocar el cielo con los dedos basta con dejarse llevar por el momento. Y el momento es posible por no caminar solo.
El viento deja de ser frío para poder llevarse lo malo. Y llueve. Sí. Truena. También. Pero siempre sale el sol un vez más. Con palabras, con guiños que te traen los días y las noches. Los sueños, los de verdad, los que te llegan tras una tarde, una comida, un concierto o una cena con la gente, tu gente. La peña que hace posible que tus dedos se muevan vertiginosos, a veces torpes, a veces demasiado rápidos por el teclado. Y en especial, una sonrisa. El sol, como ya he dicho.
Entonces, lo posible y lo improbable dejan de ser esos desconocidos solitarios tras la barra de un bar.
Y todo puede pasar.
Una vida nueva, unos amigos, una familia....
Suena la música y bailas. Van Morrison canta aquello de No hay Gurú, no hay método, no hay maestro. Y tiene razón.
Todo lo que te rodea te da la energía suficiente para poder levantarte por la mañana dispuesto a defender, como dijo Sabina, el pan y la alegría.
El pan y la alegría.
Desde un recuerdo, un sentimiento, una mano que atraviesa una tarde otoñal, un invierno crudo, un sol sofocante o unas lágrimas que no cesan. Y las borran.
La tristeza se va por la puerta. Volverá. Sin duda. Pero aquí estaremos, con nuestra gente, dispuestos a lo imposible para que sea probable.
Tocando el cielo con los dedos.
Dispuesto a ser alguien feliz.
¡¡Gracias!!